Hace solo unas décadas, antes de la llegada de la modernidad a las regiones polares, los esquimales vivían en contacto constante con la naturaleza. Cazaban, se desplazaban por entornos abiertos y pasaban largas horas al aire libre. En aquella época, disfrutaban de una excelente salud visual.

Con el paso del tiempo, sin embargo, la vida cambió: aparecieron las escuelas, los supermercados, las casas con calefacción, la televisión y los libros. Ya no era necesario salir para sobrevivir. Tanto niños como adolescentes pasaban más tiempo en interiores y, con este cambio de hábitos, muchos de los nietos de aquellos esquimales comenzaron a desarrollar miopía.

¿Cómo podía ser que, a pesar de tener más comodidades y mejor acceso a la educación, su visión empeorara? Esta pregunta captó la atención de varios oftalmólogos a finales del siglo XX. Hoy en día, sabemos que el cambio de estilo de vida tiene mucho que ver con el aumento de la miopía en niños y adolescentes.


La miopía, el gran reto visual del siglo XXI

La miopía es un defecto refractivo que provoca que las imágenes lejanas se vean borrosas. Se produce cuando el ojo es más largo de lo normal y el enfoque de la luz se forma delante de la retina, en lugar de sobre ella.

Aunque existe un componente genético, los hábitos visuales juegan un papel fundamental en el desarrollo y la progresión de la miopía. Pasar muchas horas en visión próxima, no exponerse a la luz natural o utilizar pantallas de forma continuada son algunos de los principales factores de riesgo.


El impacto de la pandemia y el estilo de vida actual

En Girona, durante el confinamiento de 2020, se observó un aumento del 25% de los casos de miopía entre adolescentes. En países como Japón, la situación es aún más preocupante: hasta el 95% de los jóvenes son miopes, y ya existen clínicas especializadas en su tratamiento.

Todo esto nos lleva a una reflexión importante:
¿Estamos cuidando lo suficiente la salud visual de los más jóvenes?


¿Cómo prevenir la miopía infantil?

Aunque no podemos controlar la genética, sí podemos actuar sobre los hábitos visuales. Aquí tienes algunos consejos útiles para prevenir la miopía en niños y adolescentes:

👁️ 1. Aprovechar la luz natural
Pasar al menos dos horas al día al aire libre ayuda a prevenir la aparición de la miopía. Actividades como jugar en el parque, practicar deporte o simplemente pasear son beneficiosas para la vista.

⏱️ 2. Hacer pausas visuales (regla 20-20)
Cada 20 minutos de actividad en visión próxima (como leer o mirar una pantalla), es recomendable mirar a más de 6 metros de distancia durante al menos 20 segundos para relajar los músculos oculares.

🔍 3. Revisiones oculares regulares
Se recomienda hacer una revisión visual cada 2 años, especialmente si hay síntomas como dolor de cabeza, dificultades de lectura o visión borrosa.

📵 4. Reducir el uso de pantallas
Limita la exposición a pantallas, especialmente antes de los 4 años. Fomenta el juego libre y las actividades al aire libre.


Una visión sana comienza en la infancia

La miopía no es solo llevar gafas. Puede afectar a la calidad de vida y, si no se trata, provocar complicaciones visuales a largo plazo. Por eso es fundamental adoptar buenos hábitos visuales desde pequeños y hacer un seguimiento con profesionales de la salud ocular.

Ahora ya sabemos por qué aquellos nietos de los esquimales, que se quedaban en casa con libros y televisión en lugar de salir a cazar, empezaron a ver peor.
La buena salud visual infantil se construye día a día con prevención, aire libre y atención personalizada.


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